Nochebuena en Budapest
Nochebuena en Budapest. A las cuatro de la tarde la noche ya ha ganado y la ciudad se pliega pronto, como si invitara al sueño rápido al que no sabe dónde está. Él se acostó después de la segunda copa de cava húngaro. Ella siguió despierta, bebiendo y bailando frente a la televisión de su país, al ritmo de una canción que no decía nada y lo decía todo. Sola. Lejos de su familia. Por primera vez en cincuenta años. Afuera, Budapest seguía igual: tranvías vacíos, escaparates encendidos para nadie, un Danubio negro. Dentro, la calefacción hacía su trabajo y también el alcohol: mantener todo en pie sin que pareciera importante. Bailó descalza sobre el parquet con la copa ya caliente y el volumen justo para no despertar a nadie. No estaba triste. Tampoco feliz. Estaba a salvo, que es otra cosa. Pensó en su familia como se piensa en una casa que sigue existiendo aunque no estés dentro. No llamó. No hizo fotos. No dejó constancia. Era una noche para no explicarse. Hay noches que se recue...






