viernes, 29 de abril de 2016

Muerte y Palomas

Virginia Mori
Antes de morir y antes de que acabara el siglo nos gustaba teorizar sobre la muerte con absenta y los psicotrópicos de la Chelo,traducíamos los prospectos al sanscrito, debatíamos sobre la continuidad de la vida después de la muerte, la belleza de un deceso a la carta, una muerte más digna que la vida,los gusanos, la tierra, el cielo y el fuego y... apenas nos escuchábamos, bien por el volumen de la minicadena, bien porque solo habíamos hablado dentro de la cabeza sumergidos los cuerpos en el granate escai. Fuimos jóvenes y por tanto inmortales.
Habito la antiutopía del más allá. No estoy muerta ni viva, sólo invisible, he accedido a un estado libérrimo de comportamiento y soledad ad eternum. Veo lo que haces y me masturbo mirándote desde la ventana mientras esperas el autobús, lamo con lengua viscosa el espejo del baño para disfrutar de tus pupilas de brea.
Noto la sarna derramada por las paredes de la casa, el sutil titubeo de las cucarachas en las tuberías, las ruinas esparcidas por el cosmos amurallado del hogar, los siniestros objetos muertos convertidos en polvo.La oquedad del infiel en el pecho.
La madre llora,
la mujer llora,
los amigos se apuntan al gimnasio.
Todo muerto.
Y yo. Invisible.
La casa muerta pariendo palomas desde el techo. Hija de puta sabiendo que me dan miedo.

lunes, 25 de abril de 2016

COSAS DE VIEJOS


Contaba el viejo que me enseñó a jugar al cinquillo con los ojos llenos de pimienta y pellejos que si bebes solo vino sólo vino te crecen cipreses en el pelo que enlazan tu miseria con la misericordia de tus muertos pasados y futuros y que son ellos los que indultan la bodega abyecta y canalla de tu alma a cambio de no postergar el recuerdo más allá de las seis de la mañana.

DOMINGO

Tumbada sobre el silencio y la carne extendida hasta los pies, los dedos presionan los labios que no chillan, muerdo el cuello de algodón de una aterrada almohada reventando el vergonzoso y párvulo gemido. 
Aún punza la hierba en la espalda cuando me atrinchero en el recuerdo y las perlas huérfanas sobre el ombligo resbalan por la cintura hasta convertirse en padres nocturnos del rocío de la mañana. 
Aún quedan lamentos sin procesiones, gusanos de seda muertos en la morera, el deseo antropófago, gélido y efímero por un desconocido. 
Aún la búsqueda de la manzana en mi maternidad condenada y seca, cien caballos trotando en mi cabeza, un toro apuñalado en el bajo vientre.
Aún existe sobrevivir a un domingo cueste lo que cueste.


Imagen Apolonia Saintclaire

martes, 12 de abril de 2016

MI AMIGO GINÉS

Calculo que por aquél entonces yo tendría unos treinta y cinco años menos que ahora. Curiosamente lo recuerdo porque vestía coletas, faldas a la rodilla, calcetines de hilo blanquísimos hasta la falda y zapatos ortopédicos.
Tenía un amigo que se llamaba Ginés.
Ginés tenía unos sesenta años y la muerte se había encaprichado con él. 
Era el vecino de mi abuela y cuando Teresa, me oía subir las escaleras salía a buscarme: ¡Ven a ver a tu amigo Ginés!
Me sentaba en la mecedora que sonaba a chicharra y le traía un poco de verano a su cara de porcelana. Él me contaba en glíglico historias falsas de viajes falsos y mujeres falsas que nadie entendía y yo le sonreía, bajo los tubitos de la nariz parecía que él también lo hacía y Teresa también lo hacía.
Pobre Ginés. Tenía de un lado a Dios tirando de sus pulmones y al otro lado una niña de mochitos que sonreía en una mecedora chillona. No se atrevía a elegir y de momento yo ganaba.
Un día don Joaquín me castigó y me tuvo una hora de cara a la pared por pegarle a un niño que se coló para beber agua en la fuente... Cuando llegué a ca la abuela, Teresa no salió, ni ese día ni ningún otro más. Fue la abuela la que me dijo que Ginés se había ido al cielo.
Esa fue la primera vez que Dios me hizo trampas.




sábado, 9 de abril de 2016

COMERME TUS OJOS

Dame tus ojos.
Deja que mastique el nácar que sustenta el iris.
Que los engulla.
Deja al descubierto la roña del silencio que hay detrás de ellos.
Y ahora...
Métete dentro. 
Aprovecha cada contracción cardíaca para el desplazamiento
Y observa.
Vives dentro de mí.
En la ferocidad de la sangre que ataca cada centímetro de mi cuerpo con la rabia de un caniche. En la cadencia demoníaca de cada estertor en mis bronquios desfilachados. En el olor metálico de las vísceras. En mis oídos cuando escuchan mi canción favorita. En el molde de mi piel.En la ofrenda de mis palabras susurradas en la nuca donde habita el mundo. En el hígado donde reside el alcohol que embellece los recuerdos. En la plata sudada de mis canas.

Y también en la pérdida de la psicomotricidad de mis manos ante el desafío del botón de tu bragueta.
En el delirio de sublimar la belleza de tu lengua en la aureola de mi pecho.
En los días en los que el sol afeita con su luz mi ventana.
En el refugio del mar bajo la tormenta. 
En la pulsión de una sonrisa contagiosa.
¿Ves?
¿Lo puedes ver?
Ocupas tanto espacio dentro mío que no sé dónde ponerme a vivir.

DIANA

Si cuando era pequeña me llamaban Diana y no me molestaba en absoluto ser la más poderosa del Universo, imagínate la idea de tener 60 años y cantar  vestida de Alicia. Dame lagartijas a mí que muevan el rabo hasta después de muertas.

martes, 5 de abril de 2016

HABLEMOS

Hablemos.
Toma un ramillete de amantes por el tallo.
Extiéndelo sobre la mesa, sobre el hule de cuadros rojiblancos.
Que no resbalen.
¿Lo ves?
Es una especie de código de barras de carne: grandes, pequeños, gordos, flacos... de veinte centímetros todos, enviándome un mensaje cifrado: 
- Somos la parte débil de tus fracasos.
Y oigo cómo se convierte el patio de luces en un cuadrilatero donde, esputando gritos, pensando que tengo turno de mañana, las alimañas domésticas cuentan mis hazañas entre delantales, calzoncillos y bragas, estandartes proletarios flotando en el aire. Fantasmas desposeídos de mugre azotando al viento cuando el escaño del salón apesta a culo, aroma característico de la vivienda apoltronada del no-ve-no-B en su zona de confort, cuyas irritantes ráfagas de mediocridad y aburrimiento endémico se expanden curiosas y afectivas por toda la comunidad.
Mientras, me envías guasaps. 
-Surcaremos bancales de amapolas, robaremos almendras, nos alimentaremos de flores amarillas... 
Y mi pecho te amenaza de frente "pum pum pum pum"
-Bailarás mientras te doy nalgadas y yo cantaré con tu pie en mi boca. 
"pum pum pum pum"
Y yo grito.
Apenas me oigo con el "pum pum pum pum"
¡Es Amor!- gritas desde la orilla.
Me abrazas.
Abrasas.
Brasas.
Y entre cenizas me corro hasta la playa donde te bañas...
y me pego a tus calzones negros para que no olvides la casuística de que siempre estaré dispuesta a seguir tocándote los huevos.

"Pum pum pum pum"

Imagen Judy Dater




viernes, 1 de abril de 2016

ATUP

Me fascinaba la vida de Atup.
Ya era bastante mayor. Yo no sé echarle años a la gente pero podría decirte que el dragón que llevaba tatuado en el costado ahora parecía un riel discontinuo, una cremallera de hormiguitas de tinta.
Me fascinaba su nombre. Cuando la conocí pensaba que era el nombre de una guerrera india y bueno... sí era guerrera pero no india.
Cuenta que una noche de agosto, de esas en las que el sol calienta hasta por la noche, su padre, embriagado por el olor de las flores amarillas del pelo de su madre, se cayó dentro de ella y plantó una semilla y le creció una Puta.


Al principio el nombre le parecía cruel, pero siempre explicaba que en Noruega, de donde viene el salmón y los cubitos de hielo, significaba almohada, pero en el instituto, cuando empezó a cotizar, harta de tanta explicación y atrapada en la semántica sin salida, le dio la vuelta al nombre. 

Se prostituyó como una gran profesional y se tomaba muy en serio su oficio, desterrando la vulgaridad del arquetipo. Era culta, leída, rápida, inteligente. Amó a todos y cada uno de sus clientes porque sabía de la penitencia impuesta por el negocio teológico sobre las almas mancilladas durante toda la eternidad y eso le otorgaba la ternura y piedad necesaria para congratularse con su trabajo.
Me fascinaba verla danzar y cantar como una ballena de plata acercándose a la orilla, preparada para morir varada a causa de la falta de fe en la condición humana. 
Ella...tan carnicera. Ella, la que tanto amó. 
¿Qué haremos cuando muera la última Diosa?
¡Estáis acabando con todo! ¡Yo os maldigo!