viernes, 16 de febrero de 2018

lluevelluevelluevellueve

Hace semanas que llueve. Hace semanas, meses y años que llueve. Por todas partes del cielo y la tierra, ya no podemos quedar en el bar de la esquina porque ya no existe. Los edificios tienen los cantos romos por la erosión. La lluvia es pegajosa como miel y ha formado en los humanos un carácter pesimista y como pa dentro, ya apenas nos hablamos o sonreímos, creo que ya ni nos queremos.Perdimos los dados, los cuadros, todos los estampados de la ropa se transformaron en topitos, no nos volvimos a dar con los picos de los muebles ni picos en los morros. Los cuadrados sólo aparecían en antiguos libros de historia y no en los de geometría. Hasta un año llovieron pipas como dardos, fue justo antes del suicidio colectivo de los girasoles.
W lloraba mucho. W empezó a llorar cuando empezó la lluvia. W Era negro sin interrupción. Solo se tropezaba el negro con el blanco de sus ojos y después de tantos años bajo la lluvia y la edad su piel se había trizado y se había vuelto Brillante quebrada y resbaladiza como la de la mamba negra.
Muchas noches después de cenar me asomaba al balcón para observar si había habido alguna evolución en su composición y comportamiento y si no había luna sus ojos resaltaban en lo oscuro como dos bolas 8 .
Hace años que W vino a mi barrio para declararle su empecinado y devoto amor a R mi vecina de la Torre de enfrente. R parecía una acuarela en el alféizar de la ventana. R era de color rosa claro y solo podía salir de noche por una enfermedad rara, por eso amaba a W, él era su noche, su noche eterna.
La noche de la pedida su padre de voz, bigote y formas castrenses le dijo que solo podría salir a buscar a W cuando parase de llover.
Cosas del destino... Y de las islas y de los supervivientes y de los cronopios...



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