Nochebuena en Budapest

 


Nochebuena en Budapest.

A las cuatro de la tarde la noche ya ha ganado y la ciudad se pliega pronto, como si invitara al sueño rápido al que no sabe dónde está.

Él se acostó después de la segunda copa de cava húngaro.

Ella siguió despierta, bebiendo y bailando frente a la televisión de su país, al ritmo de una canción que no decía nada y lo decía todo.

Sola.

Lejos de su familia.

Por primera vez en cincuenta años.

Afuera, Budapest seguía igual: tranvías vacíos, escaparates encendidos para nadie, un Danubio negro.

Dentro, la calefacción hacía su trabajo y también el alcohol: mantener todo en pie sin que pareciera importante.

Bailó descalza sobre el parquet con la copa ya caliente y el volumen justo para no despertar a nadie.

No estaba triste.

Tampoco feliz.

Estaba a salvo, que es otra cosa.

Pensó en su familia como se piensa en una casa que sigue existiendo aunque no estés dentro.

No llamó. No hizo fotos. No dejó constancia.

Era una noche para no explicarse. Hay noches que se recuerdan por lo que no pasó.

Una canción de un cantante que no le gusta ni le disgusta se coló sin avisar.

Dani Fernández cantaba "abatido entre tu piel" mientras ella repasaba cuatro fotos del primer día en esta ciudad que, pese a su historia, empezaba a parecerse peligrosamente a cualquier otra.

Budapest también pierde el aura cuando se la mira de cerca.

Todo lugar nuevo dura poco cuando una aprende a orientarse.

Bajó el volumen a la canción antes del final.

No por tristeza. Por control.

A las once apagó la televisión.

El silencio fue limpio. Profesional. Casi quirúrgico recortó los perfiles de cada objeto en la oscuridad, como si la ciudad le invitara  a acurrucarse dentro de ella.

Él roncaba en la habitación de al lado.

Un sonido regular, eficiente, casi tranquilizador.

Justo detrás de la botella de cava ya vacía: limpia, transparente, sin nada más que ofrecer, orgullosa de haber cumplido su función y se hubiera retirado con discreción.


Se quedó un rato más mirando la última foto.

No buscaba recuerdos.

Buscaba pruebas de que estuvo allí despierta, presente, entera.

¿Cuánto dura una canción cuando no es tu canción?

¿Cuánto brilla una Nochebuena en un apartamento que huele a otro?

¿Cuánto de otro se te queda dentro cuando estás lejos de tu propia vida?

No hay respuestas.

Por eso se recuerdan.

A la mañana siguiente hizo café, abrió la cortina y siguió.

Como si nada.

Como si todo.




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