domingo, 4 de septiembre de 2016

SIEMPRE HE CREÍDO EN TI

   Yo, ancha de espaldas, corazón comestible, recolectora de desastres, con quistes en los ojos… relajo la mirada en la enfundada cuchilla que pende de tu cintura. Le cuento, de cabeza, mientras guía mis pasos, historias violentas donde mueren los malos, incluso algún bueno en daño colateral por defendernos y después de luchar por lo nuestro, por valores casi extintos, acabamos exhaustos , sudando gloria bajo un cielo naranja que envuelve la brevedad de las horas.
   Creo que estoy evitando pensar en Ti.
   Tengo miedo que al reconocer el hipotálamo tu voz, un hilillo granate de peste oxidada, recorra mi cuello en pizpireta danza folklórica al reventar de añoranza los tímpanos.
   Era tan fácil que me vencieras a los chinos o al calientamanos… mientras me dabas de hostias ya hacía rato que me había perdido en el color almendra amarga de tus ojos… y repasaba con compás el negro que lo enmarcaba para que el verde no se saliera, empapara y ofendiera a esta tierra amarilla. He sentido la seguridad en el pecho envuelta en el calor de tu cuerpo alado, yo que tengo miedo a los pájaros, siento que puedo volar incluso anclada a la gravedad del suelo si te he tenido dentro.
Que nadie te nombre sin la admiración quirúrgica de un bisturí sobre la carne sedada, no en mi presencia, no en tu ausencia que se convierte en el avatar de mi estrella.
   Hoy estoy sentada en un banco del parque de mi cabeza, mirando cómo se besa una pareja mientras un pedigüeño talla el nombre de ella en un tesoro… y muero de envidia, ojalá me pase a mi... algún día...

2 comentarios: